1.- Cuando hablamos de normas sociales, son normas que no están escritas, normas que la gente sigue para ser “educada”, que afectan a toda la población y que si no se cumplen el individuo queda apartado socialmente; si hablamos de normas morales, nos referimos a normas no escritas que separan en buen del mal comportamiento, que afecta a todos los seres humanos que tiene la capacidad de decidir entre el bien y el mal, y que si no se cumplen, puede producirse remordimiento o reproche; y si hablamos de normas políticas, son aquellas escritas que regulan la convivencia de las personas, que afecta a toda la comunidad política, y que si no se cumplen las personas son sancionadas.
2.- Ningún ser humano que viva en una sociedad puede ser apolítico, ya que por mucho que no le guste ningún partido político de los que están en ese momento en su país, no significa que pueda desligarse de las responsabilidades que trae consigo el pertenecer a una polis, a una sociedad organizada en la que uno vive. Ser apolítico significaría dejar de pertenecer a esa polis, dejar de seguir sus normas y dejar de ser una persona constructiva en esa sociedad.
3.- Se diferencian en que la legalidad es la condición de que se cumplan unos requisitos para poder poner en práctica cualquier norma, mientras que la legitimidad es el contenido de esa norma, si moralmente está bien o no aplicarla, si se produciría abuso por parte de la autoridad al aplicar esa norma.
4.- La diferencia que existe en ostentar y detentar la autoridad, es que ostentar la autoridad es tener cierto poder por encima de otras personas o instituciones que se ha concedido de manera honoraria o que ha sido concedida por un mérito, mientras que detentar la autoridad es creer que uno tiene autoridad para delegar sobre otros, cuando en realidad no posee esa autoridad, si no que es más bien es un fraude, se ha concedido a si mismo esa autoridad cuando no la posee en realidad.
5.- Las condiciones que debe cumplir la autoridad para que pueda considerarse legítima, es que tenga la condición de saber, es decir, que sea capaz de resolver algo, que tenga ese poder; que haya sido aprobado en una reconocimiento público por parte de la sociedad; el modo de ejercer esa autoridad, pudiendo así la persona tener una mayor o menos legitimación.
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